Sobre los escritores de brújula y cómo enfrentarse a una novela

miércoles, 4 de octubre de 2017

Muchos de vosotros seguro que sois conocedores de este término. Muchos otros no. Así que vamos a hacer una breve explicación.

Existen una clasificación de escritores (y hay muchas más, estoy segura) que los divide en dos: los de mapa y los de brújula.

Es sencillo de entender. Dos personas van de viaje pero por separado. La primera se lleva un mapa y sabe exactamente hacia dónde quiere ir y cómo. La segunda lleva una brújula, la usa un poco como guía pero no tiene ni la menor idea de a dónde va ni cómo va a ir. Lo único que le importa es llegar y disfrutar del camino.

Los escritores de mapa lo tienen todo organizado, de principio a fin. Sabe dónde van sus personajes y qué les va a pasar. Mientras que los de brújula se sientan delante del ordenador a escribir sin saber lo que les depara el futuro.

¿Quiere decir que uno de ellos es mejor que el otro? No, ni mucho menos. Los dos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Yo solo puedo hablar desde la parte de los de brújula pues, resulta, que toda mi vida he pertenecido a esta clasificación (y yo sin saberlo…)

¿Por qué soy escritora brújula? Lo cierto es que, en otros aspectos de mi vida me gusta ser bastante organizada. Creo que por eso me encanta ser de brújula. Me sorprendo con cada paso que doy y, aunque no todo es de color de rosas, me gusta estar escribiendo y que sea como una lectora que lo lee por primera vez.

Ya sé que soy de brújula, ¿ahora qué? ¿Cómo me enfrento a mi novela?

Está bien. Lo primero y lo más importante es tener una idea. Una vaga idea principal. Por ejemplo: un chico que descubre que es mago. Esta idea es la que tenemos que tener en mente a la hora de empezar.

Es muy aconsejable que tengamos una idea sobre el final. Por ejemplo: derrota al malo. Así sabemos de dónde partimos y a dónde queremos llegar pero lo del medio… no, no lo sabemos. Aclaración: estoy 100% segura de que J.K Rowling es una escritura de mapa.

Ya ha llegado el momento de empezar a escribir. Te lo advierto, NO será un camino fácil. Habrá ocasiones en las que te bloquearás, no sabrás cómo continuar. Muchas veces leerás lo que has escrito y pensarás que es basura. No te desmotives. Lo que estás escribiendo no es tu novela finalizada. Tranquilidad.

Pasará un tiempo hasta que por fin la termines. No sé cuánto suelo tardar yo en escribir una novela pero os digo que me tomo mi tiempo (soy más parecida a George R.R. Martin que a Stephen King). Y está bien hacerlo. Escribes porque te gusta, no porque quieres vender sin parar. La historia es como un puchero que debe hacerse a fuego lento.

Vale. Vale. Ya has terminado. Tienes tu primer borrador. ¿Qué toca ahora? Ya verás, no te va a hacer ni una pizca de gracia.

Lo que toca es abrir un nuevo documento de Word y, con la base que ya tienes, reescribir la historia

Así como lo oyes. Parece una auténtica locura pero… ¿qué conseguimos con esto? Es muy sencillo. Cambiaremos tramas, la forma de expresarnos o cosas que no nos gusten ni nos acaben de convencer. De esta manera tenemos una novela mucho más perfilada que antes. Realmente es como editarla pero dándole un repaso mucho más a fondo.

Y ya lo único que queda (por lo menos lo que me pasa a mi) es editar, repasar y volver a editar cuantas veces haga falta para que esté como a ti te guste. Para que esté dentro de los límites de TU perfección.

Repetiré de nuevo que no es fácil. Este modo de “organizarse” no es apropiado para historias que tienen muchos personajes y mucho trasfondo (véase Juegos de Tronos, el Señor de los Anillos o Harry Potter). Es más bien para historias mucho más simples que eso (que no quiere decir que sean malas porque… beach plis, yo soy escritora brújula forevah)

No se me ocurre qué más os puedo decir. ¡Ah, sí! Disfrutad, disfrutad de la escritura todo lo que podáis porque es la primera razón por lo que habéis decidido empezar a crear historias. No os desanimes, seguid escribiendo, seguid mejorando y no dejéis que nadie os hunda diciendo que no valéis. Os prometo que algún día se tragaran sus propias palabras. 
¡Nos vemos en la próxima!