Reputación

miércoles, 30 de agosto de 2017

En la televisión estaban poniendo otra vez ese maldito discurso. El mismo de aquel maldito hombre que me había arrastrado a ese asqueroso lugar. ¿Por qué? Yo debería haber sido su cómplice, no a la que encerraban tras rejas.

YO debía de estar dando ese discurso y no él. El hijo de puta había decidido olvidarse de mí. Se había desecho del peligro que suponía… Había sido una tonta por creerle. Había sido ingenua al pensar que estábamos en el mismo juego, que buscábamos lo mismo.

─ Apaga la puta tele ya─ le dije a uno de los de seguridad.

Él me echó una mirada de advertencia y yo, rápidamente, agaché la cabeza. No me arrepentía pero ¿para qué liarla si iba a salir ya? Estaba a punto… Solo tenía que esperar un par de horas más, hasta que los papeles estuvieran en orden y bien firmados.

─ Lo único que queremos es que haya paz. Los inocentes serán liberados y los culpables encadenados.

Gilipollas. Si el que debería estar entre rejas era él. Me dejó sola, con un cuerpo y con el arma en la mano. ¿Cómo iba yo a saber que había llamado a la policía? ¿Cómo fue posible que mi cuerpo no reaccionara? Oh, claro, estaba en completo shock. Él vio el cuerpo al igual que yo. Él le había hecho eso a la pobre chica. La había destrozado, despedazado. La sangre estaba por todos los lados. Me dio su ropa para que pensaran que quería culparle a él.

─ Tara, ya es la hora.

Me levanté más rápido que nunca. Seguí al segurata hasta la puerta. Allí esperaban mis pocas pertenecías. Sonreí. Sí, por fin era libre. Habían sido tres años angustiosos. Había luchado con uñas y dientes para poder salir de allí antes de que pasaran los años impuestos por el juez. Lo había conseguido y ahora, solo quedaba hacer una gran tontería para volver allí. O no. Quizá todo saldría bien.

Lo que más importaba de todo era esa llave. La llave de su reino. Salí. Llovía. Por primera vez en años, me sentía viva. Estaba preparada. Me habían pedido un taxi. Qué majos lo de la cárcel.

El conductor no podía evitar quitar sus ojos de mí. Quizás era por ser una belleza o porque acababa de salir de prisión. Sí, la segunda opción parecía la más factible. Me dejó en la puerta del trastero. Ese trastero que habíamos pagado los dos, donde planeábamos el futuro. Un futuro de oro para ambos. Pero él había robado mi parte. A ver cómo había cambiado…

Al abrir la puerta fue como volver atrás en el tiempo. Todo estaba lleno de trasto y de polvo. Sin embargo, la mesa roja seguía en el centro. Allí habíamos hablado, comido y fumado. Habíamos hecho todos los planes habidos y por haber. Habíamos sido un buen grupo.

Lo único que parecía ser diferente era ese cuadro de su retrato. Qué asco. Muchos pensarían que era el ser más guapo de la Tierra. Yo discrepaba. Era una cucaracha asquerosa. Una serpiente venenosa… Era de todo menos una persona agradable.

Encontré mi antigua peluca. Seguía como nueva gracias a que yo guardaba las cosas como debía hacerse. Me la puse. El plan era simple, rápido. Aún quedaba solo un par de horas para que todo empezara y a la vez… acabase. Me puse el vestido rojo con escote y las medias. En ella guardé una daga y en otra mi móvil. 

Registré la caja fuerte. Sí, el dinero seguía allí. ¿Es que se había olvidado que ese lugar sagrado existía? Mejor para mí. Sin ese sitio, habría tardado más en reunir todos los objetos que necesitaba.

No podía irme sin hacer una última cosa. Saqué mi daga y rajé el estúpido retrato del hombre que había sido capaz de destruir mi mundo por completo. Salí de allí.

Podía ir perfectamente andando hasta su casa. La veía a lo lejos: la mejor de todas. Era una puta mansión. Seguro que estaba riéndose en mi cara a cada paso que daba por esos suelos de mármol.

─ Perdona─ vi a una joven con un vestido similar al mío. Era gracioso. Llevábamos el mismo corte de pelo y el mismo color. Le sonreí. A él siempre le había gustado ese estilo de mujeres: las que se parecían a mi─. El señor quiere que venga a verle más tarde hoy… Tiene una visita importante.

─ ¿Y usted es?─ frunció el ceño y se cruzó de brazos. Claro que no me creía. Hacía bien.

─ Soy la nueva. ¿No le han informado?─ la chica negó. Tras unos segundos se encogió de hombros─. Dijo que a las once le venía bien.

Finalmente, acabé por convencerla y se marchó. Estupendo. El camino estaba libre para mí. Solo para mí. Sonreí. Era inevitable no hacerlo. Estaba tan cerca…Había planeado este momento por tanto tiempo. Ese tío iba a pagar por cada uno de sus pecados.

─ Soy la compañía del señor esta noche─ le comenté por el telefonillo a alguien que no logré ver.

Fuera como fuese, la puerta se abrió. Sí, sé que había sido por mi escote. La cámara estaba justo encima y prácticamente estaba enfocando a ese lugar. Eran tan asquerosos. Hasta sus trabajadores se comportaban como él.

Estuvieron a punto de registrarme. Les aseguré que para tener sexo no necesitaba nada más que mi presencia en cuerpo. Por tanto, me dejaron pasar.

La mansión estaba demasiado cambiada. Todos los planes decorativos habían acabado en un cubo de la basura. Era tan… su estilo. Me daban nauseas solo de pensarlo. Seguí mi camino. No podía fijarme en los pequeños detalles o me cabrearía más de lo que me gustaría admitir.

Él esperaba a una prostituta que cumpliera todos sus deseos. Pero solo se iba a encontrar con el fantasma de alguien que creía conocer. Recorrí los pasillos en silencio, con esas palabras en mi mente. Noté cómo mi pierna vibraba.

Cogí el móvil y miré la pantalla… Era una vieja amiga que sabía lo de mi salida de la cárcel. Seguro que me dedicaba palabras de consuelo pero llenas de mentiras, de sonrisas falsas y de “no te acerques más a mí, has matado a alguien”. A pesar de todo, contesté mientras me seguía acercando a mi objetivo.

─ Lo siento, la antigua Tara no puede contestar al teléfono ahora mismo. ¿Por qué?─ pegué en la puerta correcta y esperé─. Oh, está muerta.

Le sonreí. Mi patada logró tumbarle nada más abrió la puerta. Entré, cerré y me coloqué encima de él, inmovilizándolo. Luchó. Quiso gritar pero se lo impedí.

Cogí mi daga y se la coloqué en la mano derecha. Parecía un movimiento peligroso, insano pero yo tenía la situación controlada. Tenía su mano bien sujeta entre las mías. Y entonces fue cuando le obligué. Le obligué a dañarse a sí mismo. Le hice ver cómo su propia mano le traicionaba. Eso era lo que había sentido yo cuando él me había apuñalado por la espalda, metafóricamente hablando.

No. Había hecho algo mucho peor que eso. Me había quitado mi libertad. Me había encerrado y me había convertido en una persona que nunca había deseado ser. Pero mi nuevo yo buscaba venganza y eso era lo que le estaba dando.

Mientras la sangre recorría el suelo. Me acerqué a su oído, con una sonrisa que de seguro que le asqueó.


─ Estúpido. Mira lo que me has obligado a hacer. 

Sobre los 7 "consejos" para el bloqueo

miércoles, 23 de agosto de 2017

"No puedo escribir. Tengo un bloqueo y cada vez que abro el documento de Word, me quedo en blanco, ¡como el documento...!" Si te has dicho algo parecido es que eres escritor. Te frustra porque quieres escribir pero no puedes o en realidad no lo quieres tanto. ¿Puedo ayudarte? Quizá. Yo solo os digo lo que a mí me suele funcionar. 

¿Qué puedo hacer cuando no puedo escribir? me preguntaréis (seguramente no así que me lo pregunto yo a mí misma). Bien. Fácil pregunta, fácil respuesta.

1. Escribir a mano. Muchas veces el ordenador nos satura. Cuando yo pongo en funcionamiento esta técnica, las palabras salen casi solas. ¿Qué ya escribís a mano? Pues probad en el ordenador a ver qué tal.

2. Figther’s Block. Una página en la que podéis sentiros como héroes mientras escribís. Sois un personaje y tenéis que derrotar al monstruo (el bloqueo) con el número de palabras que consideréis correcto (¿qué son 500? Pues 500. ¿Qué son 100? Pues 100) Tú y solo tú pones el límite. Además, es gracioso ver cómo el monstruo va desapareciendo lentamente hasta que lo vences (en teoría, se pueden ir desbloqueando personajes y monstruos juju). Para mí, el único problema es que me pone un poco de los nervios. Estoy tensa mientras escribo y la verdad no me gusta demasiado esa sensación. Así que solo lo utilizo cuando es un bloqueo muy grande.

3. Escribe en otro sitio. Un parque, la playa… Elige otro lugar que no sea tu espacio habitual de trabajo. Muchas veces, escuchando conversaciones ajenas (es imposible no escucharlo, hay mucha gente que grita…), se te ocurren ideas buenas con las que continuar una historia. ¿Por qué no intentarlo?

Cuando pones en práctica el consejo y recuerdas
que te da vergüenza escribir en público

Vale. Pongamos la situación más difícil. Imaginemos que no podéis escribir porque NO sabéis qué escribir. También tengo algunas ideas para ese tipo de  problemas.

4. Elige una canción. Escucha tu canción preferida (o una que odies o neutral...), mira la letra. Ahora escribe una historia basada en esa canción, lo que te trasmite o lo que la canción va contando. Suelo hacer mucho esto porque me inspira bastante. Así que os animo a intentarlo. (Aquí dos ejemplos de la misma canción. O'children de Nick Cave: "Él la esperó" y "Pero ahora soy libre")

5. Elige tres palabras. Lo más típico. Pídele a alguien que te diga tres palabras o búscalas de otra manera, lo que sea. El caso es tener tres (o más. Las que quieras. Infinitas) y montar un relato donde estén incluidas. Una manera fácil de eliminar el bloqueo y practicar la escritura.

Este gif no está relacionado. Es solo publicidad subliminal.
VIVA HAMILTON

6. Coge un libro. Podéis pensar que estoy recomendando que leáis (que también. A veces eso ayuda a desbloquear un poco el cerebro). Pero no. Lo que me refiero es que cojáis un libro que ya habéis leído, lo abráis por una página aleatoria y elijáis una oración (de un diálogo suele ser mejor). Ahora creáis un relato donde aparezca la oración que habéis elegido. Puede aparecer al comienzo, en mitad, en un diálogo o al final, la imaginación la ponéis vosotros. (Los llamados #writingprompts me ayudan mucho con los relatos. Aquí ejemplo reciente: El día de la boda

7. Reescribe un cuento. Lo sé. Lo sé. Está muy visto pero los cuentos no han sido contados desde nuestro punto de vista. ¿Cómo sería la Bella Durmiente si lo contáis vosotros? ¿Blancanieves?  ¿La sirenita? Bueno, podéis intentarlo. Tenéis la base, solo necesitáis pensar cómo os hubiese gustado que fuera la historia. (Yo ya lo he intentado: A mí manera)

Y hasta aquí puedo leer. No existe una fórmula mágica (yo sí la tengo pero no os la voy a dar porque soy malvada muajajajajacofcof). Pero espero que alguna de estas (conociéndolas o no) os ayuden a la hora de romper el bloqueo (y si no, lo siento mucho de verdad)  

Nos vemos en la próxima aventura (?) 

El día de la boda #WritingPrompts

miércoles, 16 de agosto de 2017


Describe una boda desde tres puntos de vista diferentes

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Una mañana llena de nervios. Mi madre llorando. Mi tía riendo mientras la copa de su mano se vaciaba con rapidez. Mi padre escondido en el baño y mi hermano correteando por la sala como el pesado que solía ser (costaba creer que ya tenía la edad física de un hombre hecho y derecho).

Jamás pensé que el día de mi boda iba a ser tan ajetreado desde el minuto cero. Yo no podía ver a mi pre-marido y necesitaba urgentemente comentarle todas las dudas que me acechaban la cabeza.

Mientras mi madre me repetía lo bonito que era mi peinado, marqué su número, era uno de los pocos que me acordaba de memoria. No me hacía falta mirarlo en ninguna agenda para poder llamarle.

¿Nerviosa? su voz me relajó más de lo que nunca llegaría a admitir.

A punto de vomitar le respondí mientras mi familia seguía gritando en el fondo.

Menuda fiesta tienes montada ahí

Te echo de menos solo necesitaba que lo supiera. No quería que él estuviera consciente de nada más, ni de mis dudas ni de mis miedos.

Todo irá bien, te lo prometo.

Cómo no, él me conocía demasiado. Sabía lo que me hacía falta en cualquier momento. Le adoraba por ser capaz de leerme la mente sin siquiera proponérselo. Por eso estaba a punto de casarme con él. Todas esas dudas que parecían invadir mi mente, fueron desapareciendo poco a poco. Aunque los nervios fueron en aumento.

Cuando me vi con el vestido puesto, no pude evitar llorar. No sabía por qué estaba tan emotiva aquel día. Que toda mi familia me mirase con una extraña cara en el rostro no ayudaba para nada.

Poco a poco, fueron dejándome sola en la sala, me dejaron con mis pensamientos y mis preocupaciones. Mi hermano se quedó unos segundos en la puerta, mirándome. Suspiró y se acercó para cogerme de los hombros y mirarme a través del espejo. Hacíamos una muy buena pareja de hermanos. Él era uno de los hombres más importantes de mi vida.

Estás guapísima, pequeñaja sí, era mi hermano mayor. Nadie sabe la suerte, la alegría que es de tenerte como hermana, como amiga…

Le sonreí mientras él me apartaba un mechón rebelde del rostro. Era un pesado, me hacía chinchar como cuando teníamos cinco años pero era mi hermano. Le quería y no solo porque la sangre nos obligaba a sentirnos así el uno por el otro.

Se fue. Me dejó sola de nuevo y yo suspiré. Cogí el ramo de flores, me miré una última vez y salí de la habitación. Mi padre me esperaba y me extendió su brazo. Estábamos a tan solo unos minutos del gran desenlace. A unos minutos del final feliz. La música empezó a sonar en el interior de la capilla y las puertas por  fin se abrieron.


La novia apareció. No hacía más que pensar en el pecado que cometía día tras día. Los novios venían a mí, ilusionados, enamorados. Creían que la Iglesia era una tradición que se debía cumplir con los ojos cerrados. Estaban muy equivocados. Casarse por la Iglesia significaba casarse por amor a Dios, por ser reconocidos ante ÉL.

Y yo, como un tonto ciego, permitía que los ateos se convirtieran en creyentes por unos largos minutos. Era una pareja adorable, era una pareja buena. En sus corazones no había maldad, solo existía las ganas de amar, de comerse el mundo junto. ¿Qué pintaba yo en todo aquello si en sus vidas no existía la fe?

Los novios me miraron y yo les sonreí, transmitiéndoles la seguridad de la que carecían. Aquel día iba a hacer algo impropio de mí. Habían visto una gran cantidad de películas comerciales e iba a darle lo que de verdad querían. Solo para que Dios viera que la farsa que montaba todos los días no era en su nombre. Ellos no buscaban la paz en sus brazos, ellos solo querían una decoración elegante y una fiesta inolvidable. Eso era lo que tendrían.

Di comienzo a la pequeña farsa misa.



Mi corazón palpitaba con violencia. Apreté mis manos y agaché la vista, como si realmente estuviera escuchando al párroco. Era increíble que aquello estuviera sucediendo. No me lo creía. ¿Por qué era tan egoísta? ¿Por qué siempre estaba dispuesto a arruinarlo todo?

Desde mi más tierna infancia se veía que no era buena persona. Me odiaba a mí mismo. Era incapaz de fingir felicidad, era incapaz de aceptar aquel matrimonio. Pero ya no había marcha atrás, ya era demasiado tarde para mí.

Por primera vez en años, debía comerme mi propia cosecha. Debía admitir que estaba amarga y que la odiaba. No sabría alimentarme de lo que yo mismo había creado: desprecio, odio, celos.

Ella siempre fue mejor. Ella era el ojito derecho, la dulce chica que lo hacía todo perfecto. Y yo la aceptaba tal y como era. Pero también era cierto que había robado todo mi protagonismo. Se había convertido en el personaje principal de mi propia vida. Ahora yo solo era un simple secundario. Yo sacaba notable, ella llegaba a casa con matrícula. Yo tenía un trabajo en una tienda, ella había obtenido el trabajo de sus sueños. Maldije el día en el que trajo a ese hombre a la cena familiar.

Lo tenía todo. Absolutamente todo. ¿Y yo? ¿Qué tenía? Un pequeño apartamento, un trabajo asqueroso y una soltería que duraba desde años atrás. Pero si estaba solo no era por puro gusto. No. Había más en mi interior que no quería admitir. Además de ser mala persona era otras cosas que aún no estaba dispuesto a decir en voz alta.

El día que conocí al novio de mi hermana. Mi vida cambió por completo. La tensión que se acumulaba cuando él estaba cerca, la nauseabunda actuación de que todo iba bien en su perfecta relación, me ponían enfermo. Todo era oscuridad desde entonces. Mi familia había hecho mi vida miserable. Ya no podía más.

Dejé que las lágrimas recorrieran mis mejillas sin descanso. Mi padre trató de apoyarme pero yo rechacé el abrazo bruscamente. No necesitaba consuelo. Ya no. Estaba harto de todo y de todos.

…que hable ahora o calle para siempre.

El párroco guardó silencio y yo le miré.  Nunca había oído esas palabras en una boda. Siempre había creído que era un mito de las películas para hacer más interesante ese momento. Era una señal. Era mi oportunidad. Me levanté y alcé mi voz.

─ Yo, yo me opongo.

Todos, incluidos mis padres, se sorprendieron de mi gesto. Me acomodé la chaqueta y di un paso hacia delante. Acercándome a la hermosa pareja. Le dediqué una mirada a mi hermana que esperaba que entendiera.  Lo sentía de veras pero hoy pensaba quitarle el protagonismo del día más importante de su vida. Solo para que me recordara con odio, para que no volviera a llamarme. Aunque la quería, debía hacer aquello por mí.

Porque no solo la quería a ella.


También estaba enamorado de él.
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Ahora te toca a ti. ¿Aceptas el reto? 

Siempre será Diciembre ~ Wendy Davies

miércoles, 9 de agosto de 2017

Lo sé. No suelo hacer "reseñas" (no sé cómo puedo llamar a esto) pero hoy me ha apetecido y aquí estoy. Espero que la disfrutéis (esta y las que puedan venir)

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Título: Siempre será Diciembre

Autora: Wendy Davies

Editorial: SM

Páginas: 302 

Fecha de inicio: 3 de agosto

Fecha de finalización: 5 de agosto

Sinopsis

Cuarenta segundos son suficientes para cambiarlo todo. 
Sam ha muerto. El mar se llevó sus secretos y ahora solo quedan mentiras y esa sensación de ahogo que todo lo envuelve. Samantha no es ella misma. Jay no sabe lo que hizo. Todos tienen algo que ocultar y cada día que pasa es una cuenta atrás. Mañana quizá sea tarde.

Opinión personal: ¿Quieres un secreto? No sé cómo empezar. No sé cómo decir algo sin que sea mentira porque las palabras se quedan cortas.

SamyJay... SamySamantha. Los conozco a todos incluso aunque uno de ellos esté muerto. Los conozco incluso antes de que ellos lo confirmen. Los conozco y sé que se han llevado un trozo de mi alma como los horrocruxes pero no estoy preocupada, sé que la cuidarán. 

No me esperaba menos de ellas. Este libro es solo algo más que añadir como punto positivo a su larga lista de pros y contras [no sé dónde están los contras pero los buscaré (Os he mentido, no lo haré)]. Esta historia es un grito de esperanza y de aprendizaje. Juegan con nuestros sentimientos, con nuestra ignorancia. 

La historia nos la presentan desde dos puntos de vista diferentes: Jay y Samantha. Es curioso como el primero le habla principalmente a Sam, su mejor amigo muerto, y la segunda nos habla a nosotros, nos mira a los ojos y nos dice que está llena de mentiras. Samantha no puede hablarle a Sam. No, porque él lo sabía todo y ella no sabía nada o quizá sí. 

El caso es que estas autoras no solo han jugado con las palabras sino también con su forma de presentarnos el relato. Han hecho que no omita lo que es obvio. Porque no soy valiente. Han hecho que grite. 
Grite.
Grite y mucho. 

Y sin siquiera poner exclamaciones en ninguna parte. A veces me han hecho susurrar. Y, por supuesto, me han hecho cantar, descubrir canciones que desconocía y cantarlas con él, con Jay. Y me han hecho preguntar: ¿Quién cojones soy hoy? ¿Hay algo más allá del sufrimiento? ¿Se acaba algún momento? Quizá no pero aprendemos a vivir con ello. Aprendemos a despedirnos como lo he hecho con este libro. No estoy lista pero ya se ha acabado, ha llegado a su fin y a mi me ha dejado tocada y hundida. Es hora de ponerlo en la estantería pero eso no quiere decir que lo olvide, ni mucho menos. 

Como siempre, los agradecimientos son mi parte favorita. Me encanta ver a quiénes se lo agradecen y esta vez me han hecho llorar. Vosotras dais las gracias pero, no sabéis, que yo os las doy a vosotras. Por dar vida a esta historia, por hacer que yo sea una más. Ya, ya, solo observo pero estoy en la historia, miro a Jay y a Samantha y sufro la pérdida de Sam incluso aunque no lo haya conocido en vida. 

Estas escritoras hacen magia con las palabras y creo que no son conscientes, no se dan cuenta del daño y la felicidad que causan. Por eso, y mucho más, gracias. 

Busca la frase: es fácil. Miramos el número de páginas que tiene el libro: 302. Ahora solo tenemos que dirigirnos a la página 30 y a la línea 2... Esto es lo que obtenemos: 


[...] siendo todas las veces en las que me gritaba con rabia que, 
aunque nos llamaran igual, nunca seríamos iguales.

Puntuación: me niego a ponerle nota a cualquier cosa. Los números están sobrevalorados. 

Playlist: Sí, he recogido todas las canciones que aparecen en el libro... 


La ciudad

miércoles, 2 de agosto de 2017

La ciudad está tan tranquila. Ni una sola nube cubre el cielo. Este tiene un extraño color anaranjado. El sol se está preparando para dormirse y se está despidiendo del mundo. A mí me sonríe, me acaricia con sus leves rayos y me pide que vaya junto a él. Es muy insistente. Pero ahora no le hago caso.

Sin mis gafas, todas las luces se difuminan y crean perfectas figuras geométricas, es como estar en una feria. Un lugar lleno de colores, de figuras y de risas. Un lugar donde la música está muy alta pero a penas lo notas.

Recuerdo cuando mi madre me llevó por primera vez a un sitio así. Ya era bastante grande. Mi vida era demasiado agitada como para centrarme en esos pequeños caprichos de la vida.

Recuerdo que le tiré de la rebeca y le señalé una de las atracciones. Ella sonrió mientras asentía y yo corrí a hacer cola, como los coches de mi ventana. Hacen cola para llegar a su destino. No sé cuándo he vuelto a la realidad pero parece que mi mundo se mueve.

Veo una extraña ciudad. No reconozco nada pero sé que he paseado por esas calles los últimos meses. Mi cabeza me odia por no saber hacia dónde nos dirigimos. Me muevo en el asiento, incómoda.

Alguien que no identifico está conduciendo y mi madre está sentada a mi lado, me coge de la mano, como si tratase de tranquilizarme, ¿de qué? Ella parece estar más nerviosa que yo. 

Una vez estábamos en un gran acantilado y yo me asomé al precipicio. Mi madre, rápidamente, se acercó y tiró de mí para apartarme del peligro.  Sus manos estaban menos arrugadas y las mías eran un pelín más pequeñas…Las dos éramos más jóvenes entonces.

Lo que realmente me pregunto es cómo he llegado a estar sentada aquí. Siento como… como si estuviera drogada. Una sensación de ir andando por las nubes. Las ruedas del coche deben ser de algodón de azúcar. Seguro que si muerdo la puerta sabe a galleta. No lo intento. No tengo fuerzas. Es extraño, yo soy muy hiperactiva. No puedo tomar café porque si no me pongo a pegar botes y no paro hasta la semana siguiente.

─ ¿Ma…mamá?

Qué extraño. Esa voz no ha sonado a mí. Pero sé que ha salido de mi garganta. La noto un poco seca. Intento carraspear pero solo me sale una tos. Mi madre aprieta más mi mano y yo alzo la cabeza.
Justo en ese momento, pasamos por una farola. El coche se para y mi madre parece que tiene una hermosa aureola. Como los ángeles. Ella es mi ángel. La que siempre ha estado a mi lado. En lo bueno. En lo malo. En lo regular. En lo salado. Y en lo dulce.

¿Qué acabo de pensar? Escucho cómo ella pide que vaya más deprisa, que pise el acelerador al máximo. Nunca ha sido una temeraria. Si antes de que me sacara el carnet me compró un casco por si acaso. “Puedes darte un golpe en la cabeza al entrar al coche”. Preocupada hasta por el más pequeño detalle.

Me paso la mano por mi costado derecho. Escuece por algún extraño motivo. Oh, acabo de encontrar una nube, me gustaría sentarme en ella. Coloco mi mano en la ventana del coche y la arrastro, como si pudiera sentir la suavidad de la nube. Pero espera, el cristal se tiñe de un extraño color. Me miro la palma. ¿Esto es…?

─ ¿Sangre?

Sé que lo pregunto en voz alta porque a mi madre se le cambia la cara. Incluso sin gafas puedo verla. Me acaricia la mejilla y después me tapa la herida. No recuerdo cómo ha acabado ahí.

─ Aguanta cariño, ya estamos cerca.

Mi madre deja escapar una lágrima que mancha mi mejilla cuando ella besa mi frente. Curioso. Muy curioso. ¿Alguna vez alguien se ha preguntado si las gotas que nos salen de los ojos son curativas? Sin dudarlo debe ser eso por lo que mi respiración es mucho más relajada.


La ciudad está tranquila. Tan tranquila que no escucho ni los pitidos, ni las motos a todo gas, ni el griterío. Ni a mi madre. Nada. No hay ni una sola nube que cubra el cielo. Este tiene un extraño color anaranjado. El sol se está preparando para dormirse y se está despidiendo del mundo. A mí me sonríe, me acaricia con sus leves rayos y me pide que vaya junto a él, como tantas veces ha insinuado. Y creo que hoy, por fin, estoy dispuesta a acompañarle.